“No encontramos a la persona adecuada.”
¿Cuántas veces has leído esto en artículos o lo has escuchado de un reclutador?
Se ha repetido tantas veces que parece verdad.
Pero ¿y si el famoso “skill gap” fuera solo una excusa conveniente?
¿Y si el problema no fuera la falta de competencias, sino la falta de trabajos que realmente valga la pena hacer?
El “gap de competencias” es un mito. Y muy útil, por cierto
La única base real del famoso skill gap son las quejas de empresas que no logran encontrar el talento que buscan.
En Italia, casi la mitad de las contrataciones previstas para 2023 se consideraban difíciles de cubrir (en 2019 era 1 de cada 4). Y no es un problema exclusivo de Italia. En el ranking mundial, el país está en el puesto 69 de 133 por facilidad para encontrar profesionales cualificados. Reino Unido está en el 71, Alemania en el 74, Francia en el 75, Japón en el 77.
Y sin embargo, en Europa más del 23% de los trabajadores están sobreformados: tienen estudios y habilidades muy superiores a lo que sus empleos requieren. La sobrecualificación es especialmente común en regiones periféricas y países del sur como España, Italia o Grecia. Y va en aumento.
¿Conclusión?
Muchos aceptan trabajos muy por debajo de sus capacidades simplemente para tener algo de estabilidad económica.
Con un desempleo juvenil europeo cercano al 15% y una enorme cantidad de personas trabajando en sectores que no tienen nada que ver con lo que estudiaron (OCDE, 2023), el relato de la “falta de talento” empieza a hacer aguas por todas partes.
Tal vez no falten competencias.
Tal vez lo que faltan son trabajos que valga la pena aceptar.
El gran bluff: pedir más para pagar menos
Ya en 2014, Peter Cappelli demostró que muchas empresas inflan los requisitos de sus ofertas justo cuando hay un exceso de candidatos. Es una estrategia: así bajan expectativas… y sueldos.
Por eso no sorprende que, en el primer trimestre de 2024, los salarios reales en Europa siguieran siendo más bajos que antes de la pandemia. Y con la precariedad al alza, queda claro: el verdadero problema no es la falta de talento, sino las condiciones que se ofrecen.
Si hay un gap, es de formación
Pocas pruebas apuntan a una verdadera brecha de habilidades.
Pero hay muchísimas que evidencian un déficit de formación.
Las empresas europeas apenas invierten el 0,7% del coste laboral en capacitación continua (CEDEFOP, 2023). Y menos de la mitad de los adultos participa regularmente en programas de formación profesional (AES, 2023).
Si las empresas se niegan a invertir en formación, no deberían sorprenderse cuando los profesionales no llegan “listos para usar”.
No es un skill gap. Es un desajuste.
Cappelli hace una distinción clave: lo que hay no es una brecha de competencias, sino un desajuste entre oferta y demanda.
Las habilidades existen. Y también los trabajos. Pero no se encuentran porque hay demasiadas barreras: salarios bajos, contratos basura, expectativas infladas y muy poca inversión en formación. Eso es lo que hay que solucionar.
¿La solución? Descomponer el trabajo.
La automatización, la globalización y la tecnología están reinventando el trabajo desde la raíz. Ahora el trabajo es distribuido: las tareas se asignan a quien sepa hacerlas, sin importar dónde esté ni cuándo las realice. Cada vez más, eso incluye a las máquinas.
Gary Bolles llama a esta transformación unbundling: dividir los empleos tradicionales en tareas concretas que se pueden repartir, reubicar y resolver con más flexibilidad.
No es el fin del trabajo. Es el comienzo de algo más ágil, adaptable y conectado con el valor real de las personas.
Pero para que esto funcione, trabajadores y empresas deben replantearse todo: cómo se forma, cómo se contrata y cómo se conecta el talento con las oportunidades.
Las nuevas reglas del trabajo
Para quienes trabajan
Piensa como una empresa. No eres solo un empleado, eres una empresa personal. Invierte en ti. Mejora tu oferta.
Construye un portafolio de carreras. Olvídate del “trabajo para toda la vida”. Puedes ser diseñadora, docente, consultora y artista visual al mismo tiempo. Diversifica para resistir.
Conviértete en un centauro. Usa la IA para potenciar lo que sabes hacer. No le temas: orquéstrala. Ahí es donde te haces imprescindible.
Muestra tu valor desde el minuto uno. Ofrece tus servicios en proyectos reales, aunque sean pequeños. Más que títulos, demuestra impacto.
Para las organizaciones
Basta de anuncios inflados. Recorten los requisitos fantasiosos. Contraten por habilidades reales y medibles, no por etiquetas.
Usen la IA para construir redes de talento global. Automatización y trabajo distribuido permiten encontrar y gestionar profesionales en cualquier lugar. Más rápido y a menor coste.
Sean más rápidos y flexibles. Contraten sin fronteras, sin horarios fijos. Quiten la fricción.
Redefinan el rol del management. Un buen líder no controla: facilita.
Diseñen el trabajo entorno a problemas. No busquen ejecutores de tareas. Busquen solucionadores de retos.
Den autonomía a los equipos. Permítanles decidir cómo resolver los problemas. Así nace la verdadera agilidad.
Faciliten la movilidad interna. Ayuden a las personas a encontrar su lugar ideal dentro de la empresa. Eso multiplica su impacto.
Sean flexibles con el cuándo y el dónde. Teletrabajo, horarios adaptables. Eliminen barreras para atraer al mejor talento.
Usen la tecnología para potenciar, no sustituir. El futuro no es humano o máquina. Es humano más máquina. Usen la tecnología para elevar a las personas y generar valor real.



